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Adiós a un profeta

P. Montero

El pasado 25 de agosto falleció el P. Ignacio. Nació en Vegas del Condado (León) el 19 de septiembre de 1904. Hacer en estos momentos una síntesis de la vida y actividad del P. Ignacio resultaría imposible. Se trata de una vida no sólo extensa (98 años a punto de cumplir, de ellos 72 de religioso y 68 de sacerdote) sino también muy intensa.

El P. Ignacio ha sido un trabajador incansable en todos los lugares y quehaceres encomendados, tanto en Portugal, donde pasó la mayor y mejor parte de su vida (unos treinta años), como en España. Hasta que, por inspiración del Espíritu, descubrió el "tesoro" (Mt 13, 44) Y "la perla preciosa" (Mt 13,45) - el servicio de la Palabra de Dios-, y la convirtió en la pasión y en la obsesión de su vida, En él se repitió la escena del libro de los Hechos de los Apóstoles (6,2-4) y del evangelio de san Lucas ( 1O, 38-42), Y decidió dedicarse" al servicio de la Palabra" (Hch 6,4) como a "lo único necesario" (Lc 10, 42).

Imposible resumir su actividad como difusor de la Biblia. Su figura elemental y recia, delicada y entusiasta, humilde y convincente ha recorrido todos los países de habla hispana. Desde América a la India, el P. Ignacio ha sido un mensajero incansable al servicio de la Palabra de Dios. Tomó muy en serio la advertencia dirigida por Pablo a Timoteo: "Proclama la Palabra a tiempo y a destiempo" {l1 Tm 4,2), y por eso no cesaba de presentar proyectos para ampliar los horizontes del apostolado bíblico. Adornado por el "octavo don del Espíritu Santo", el "gusto bíblico", estaba también inflamado por el "celo bíblico" de Jeremías (" Cuando encontraba palabras tuyas las devoraba..." Jr 15, 16) Y de Pablo de Tarso ("¡Ay de mi, si no anuncio el evangelio!" I Cor 9,16).

El P. Ignacio deja una huella y un legado muy importante en sus libros, en sus opúsculos bíblicos, en sus ediciones del texto sagrado, en la revistas que fundó("Bíblica", en Portugal y "Orientación Bíblica" en México) y que difundió ("Evangelio y Vida" en España), en los movimientos bíblicos y asociaciones bíblicas a que dio vida sobre todo en América Latina y en Portugal, donde fundó la "Difusora Bíblica" (1956), que después introdujo en España (1964).

Pero en el P. Ignacio había un rasgo aún más importante que el de su actividad bíblica, era el de su espiritualidad bíblica. Él no era sólo difusor de la Biblia; la Biblia era su casa: vivía la Palabra y en la Palabra. Antes de meter la Biblia en su mochila para salir a la calle, la había metido en su corazón en una oración profunda y extensa. Todos los días, antes de amanecer, -era su norma- elegía uno o dos versículos que convertía en tema de oración y reflexión a lo largo de toda la jornada. El mensaje de la Palabra configuró su vida como peregrino; sentía la "urgencia" de la Palabra en sí mismo, dentro de sí, y eso le hacía superar las "incomprensiones" que encontró a lo largo de su vida.

"¿Qué salisteis a ver, a un profeta? Sí..." (Mt 11,9). Esta afirmación de Jesús respecto de Juan el bautista "puede aplicarse a nuestro querido P. Ignacio. Si ser profeta es vivir desde y para la Palabra de Dios; si ser profeta es tener, desde los criterios de la Palabra de Dios, una visión y una propuesta alternativa. a la mundana...; entonces, no hay duda, el P. Ignacio era un profeta. Alma grande en cuerpo frágil, sí, el P. Ignacio era un profeta, y los verdaderos profeta nunca mueren, porque queda su mensaje, que es la esencia y el alma del profeta.

"El Señor me (nos) lo dio; el Señor me (nos) lo quitó ¡Bendito sea el nombre del Señor!" (Jb 1,21). 

¡Gracias, Señor, por el P. Ignacio, por su vida y por su muerte! Amén.

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