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ALGUNOS RECUERDOS DE LA VIDA Y OBRAS DE MI TIO IGNACIO DE VEGAS

 Gregorio Boixo González

 

Nació en Vegas el día 19 de septiembre de 1.904 y fue inscrito en el Registro Civil con el nombre de Florencio Eradio González Martínez, hijo de Felipe González Aláez y de Lucila Martínez Otero, hermano de Eutimio y Natividad y a su vez medio hermano de Teodorino y Restituto González Llamazares y de Isabel, Orencio y Celestino Llamazares Martínez; por ser sus padres viudos con dos y tres hijos respectivamente cuando se casaron por segundas nupcias. Estudió las primeras letras en la escuela de Vegas e ingresó en el seminario diocesano de León donde cursó los estudios eclesiásticos hasta el 31 de agosto de 1.929, que los continuó y finalizó con los capuchinos para cantar misa como fraile en marzo de 1.934. Durante sus años como seminarista en León fue un eficaz colaborador del párroco de Vegas durante las vacaciones de verano y Navidad que aprovechaba para instruir a los niños en la religión, crear un coro de jóvenes para interpretar toda clase de cantos religiosos y otro de hombres maduros para los oficios de Semana Santa, misas cantadas de difuntos y aquellas misas de Angelis de los domingos que, desde el coro, aquellas voces recias llenaban el templo con su inimitable canto gregoriano. Ordenación del Padre Ignacio de Vegas

Un año trajo a casa de sus padres, que era donde yo vivía, a dos hermanos mejicanos, seminaristas de León, para pasar las vacaciones de verano; así era mi tío. Las jóvenes de Vegas quedaban desconcertadas con él además por su integridad moral, sobre todo las camareras de la iglesia, y eso a pesar de las reiteradas picardías que le tendían con sus artes femeninas (manifestación personal de algunas de las protagonistas). Siempre conservó la amistad con sus antiguos condiscípulos del seminario; pero aspiraba a una vida más religiosa y por eso se pasó a los capuchinos que, al profesar, cambió su nombre de pila por el de Ignacio de Vegas. El día de su primera misa en los capuchinos de León (19 marzo 1.934), mi abuelo Felipe alquiló el coche de línea de Francisco López, que entró en Vegas para llevamos y traemos a León a toda la familia. No recuerdo bien la misa pero sí la insuperable paella que comimos en el restaurante La Confianza. Muchos aún conservamos la foto familiar de aquel día en el patio del Hospicio (hoy solar de Correos). Sobrevivimos 9 de los 36 de aquel día y yo el más viejo después de Hilaria y Cándido Gonzalez (primos).

Aquel año de 1.934 mi tío Eradio fue destinado como profesor al seminario de El Pardo (Madrid) y con él nos llevó de Vegas a Francisco Robles Rodríguez (hoy padre Agatángelo), Bautista Llamas Llamazares (difunto) y a mí.

En la primavera de 1.936 el superior de los capuchinos mandó a mi tío y algún otro fraile y hermano a Portugal a hacerse cargo de una casa solariega donada por una familia portuguesa para habilitarla y trasladar a ella a todo el seminario de El Pardo al empezar en Septiembre el curso 1.936-37; pero el 18 de julio de aquel año estalló la guerra civil y mi tío se quedó definitivamente en Portugal y a nosotros los republicanos nos desalojaron del colegio de los capuchinos y nos llevaron al Orfanato Nacional de El Pardo hasta últimos de diciembre de aquel año, a Valencia del Cid unas semanas y los menores de 16 años a Francia como refugiados. Algunos de nuestros profesores fueron fusilados y mi tío se libró por estar el Portugal.

Como en Portugal en 1.936 no había capuchinos y los de España ya tenían allí un colegio preparado y vacío, mi tío y demás frailes enseguida habilitaron aquel colegio para los niños portugueses, que se hicieron frailes capuchinos, por lo que yo digo siempre que mi tío fundó la orden de los capuchinos en Portugal.

Allí estaba cuando a primeros de enero de 1.937 murió su padre Felipe en Vegas y pudo acudir a su entierro a pesar de un viaje muy difícil. Murió mi abuelo, que hacía de padre porque el mío murió cuando yo tenía 5 años y mi hermano Felipe unos meses, sin saber nada de mí; si estaba vivo o muerto desde el día 18 de julio de 1.936, hasta que a últimos de febrero del 37 aparecí vivo en Francia. Yo sé que esto le apenó mucho a mi abuelo, a mi tío ya toda la familia, porque me lo dijo mi madre.

En Portugal siguió mi tío viviendo y predicando la palabra de Dios durante muchos años, pero no por eso se olvidó un momento de su familia de Vegas tan numerosa de hermanos, medio hermanos y sobrinos. Como tampoco se olvidó nunca de su pueblo natal y de su Quebrantada, donde siempre soñó con erigir allí, en lo más alto y visible, una estatua del Sagrado Corazón de Jesús de unos 15 metros de altura para ser apreciada desde todo el contorno del Condado, Sobarriba y parte del Curueño. Pero para llegar a la Quebrantada era primordial pasar el río Porma por un puente que no existía y que para su construcción él logró desde Portugal, y del Ministerio de Obras Públicas de España, una subvención de 125.000 pesetas si el pueblo contribuía con otra cantidad igual de las 250.000 Ptas. en que estaba presupuestado; pero la aportación del pueblo no fue posible por una serie de circunstancias... y el proyecto del Sagrado Corazón en la Quebrantada quedó aplazado definitivamente.(para más información detallada sobre el particular, véase el capítulo XIV de la obra sobre Vegas de D. Restituto Martínez Rodríguez, al que tenéis acceso entrado en Internet e ir a la página www.vegasdelcondado.com ).

Siguió unos años más en Portugal propagando la palabra de Jesucristo en los Evangelios, que se encargó siempre de difundir diciéndonos que eran el testamento escrito de Dios para la salvación de los hombres y que a él sólo le bastaba darla a conocer porque nada podía añadir a la palabra escrita de Dios. En cierta ocasión fuimos con él a la Quebrantada varios sobrinos y allí arriba nos leyó y comentó las Bienaventuranzas con aquel celo y fe que ponía siempre en sus predicaciones que más bien parecía Jesucristo predicando en Palestina.

Foto Cruz Quebrantada Yo creo que le parecía pequeña Portugal y España y marchó a conquistar México para desde allí llegar más fácilmente a todas las repúblicas de habla hispana; que fue su campo de apostolado durante más de 35 años. Por ese motivo ya no le era tan fácil venir a León, pero no por eso dejó un momento de acordarse de España, de su Difusora Bíblica de Madrid, donde imprimió cantidades ingentes de ejemplares de los Evangelios, de sus familiares de Vegas y de su ilusión de entronizar el Sagrado Corazón de Jesús en la Quebrantada. Por eso, cuando un buen día de la primavera de 1.983 recibió una carta de su primo segundo Moisés García Jalón ofreciéndose como Alcalde a ayudarle en todo lo posible para que viera cumplido su sueño en la Quebrantada, le pareció un verdadero milagro e inmediatamente abrió en México una suscrición entre sus feligreses para recabar fondos con qué financiar la operación. No tardó en mandar un cheque en pesos que en aquellos momentos equivalían a una sustanciosa cantidad de pesetas, depositadas en la oficina de la Caja de Ahorros de Vegas a nombre del cura y del alcalde. Aquel dinero se vio incrementado con alguna aportación de los familiares y vecinos de Vegas; pero al hacer yo gestiones en nombre del alcalde y en el mío propio ante los constructores de monumentos, todos me pedían más del triple del presupuesto que teníamos; por lo que finalmente optamos por construir la Gran Cruz que fue bendecida por su sobrino capuchino Orencio Llamazares en aquel Septiembre de 1.983.Padre Ignacio 1984

Tuvo finalmente la gran satisfacción de celebrar sus bodas de oro sacerdotales el 16 de septiembre de 1.984 en el mismo paraje de la Quebrantada elegido para entronizar el Sagrado Corazón de Jesús, representado ahora por esta gran Cruz que a mí siempre me ha parecido un milagro suyo haberla conseguido y de pasar por el puente soñado 40 años antes.

Por fin el padre Ignacio regresó definitivamente a España al comienzo de los años 90, pero no a descansar, pues días antes de su muerte seguía viajando y propagando la palabra de Dios por todos los rincones de España y a veces de América. El mismo día de su muerte y ante los compañeros que le atendían se permitió recriminarles: ¿qué hacemos aquí todos parados?, id a vuestra misión que yo estoy cumpliendo la mía.

Mi tío era genial: mi tío era un santo y como tal le pido todos los días que cuide de todos los de Vegas, de sus familiares y particularmente de mí, que tanto le necesito en estos momentos y le agradezco de corazón todas las enseñanzas que me ha dado para vivir más la fe y usar menos de la razón. ¡hasta siempre, tío Eradio!

Vegas, 7 de Septiembre de 2.002

 

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