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RASGOS DE LA VIDA TRADICIONAL EN LA ZONA

Introducción: Como resulta imposible abarcar en pocas páginas la riqueza y complejidad del mundo rural, las descripciones que se ofrecen a continuación sólo son una síntesis de algunos aspectos de la vida tradicional tal como se ha desarrollado en los pueblos terracampinos de Valmadrigal. Sin embargo y pese a su obligada brevedad, los siguientes datos ayudarán al viajero amante de lo rústico a disfrutar más de su visita a la zona y comprender mejor las costumbres, los lugares y las gentes que encuentre en su camino, ya que aparecen entremezclados en el texto, como las raíces de un árbol añejo, el acontecer pretérito y la inmediatez del ahora, la imaginación popular y la realidad visible, lo que escriben los investigadores y cronistas con los comentarios de los naturales de cada pueblo.

Molinos, fábricas, tejares, herrerías, etc. que existían en estos pueblos durante la primera mitad del siglo XX: En Vallecillo se encontraba el molino donde los habitantes de los pueblos de Valmadrigal llevaban el trigo a moler. En este mismo pueblo además había un tejar. Muchos de los carros empleados en la zona los hacía artesanalmente el carretero de Matallana. En Castrotierra hubo una fábrica de quesos. Su dueño se llamaba "Dativo". Se conserva en la plaza del Ayuntamiento el edificio de barro que albergaba la fábrica. Además, en Castrotierra funcionaron varios tejares a la afueras del pueblo y dos fraguas, una de ellas propiedad del herrero Tomás Cancelo, que recibía encargos de todos los pueblos del contorno en la primera mitad del siglo XX y cuyos trabajos de herrería (machetas, tijeras de esquilar, cespederas, etc) hoy se exponen en el Museo Etnográfico de León.

La venta ambulante: Buhoneros de toda laya: colchoneros, cacharreros, fruteros, pescaderos, chatarreros, estañadores, copleros, colcheras, quincalleros, retratistas, pellejeros, afiladores y trilleros recorrían estas tierras ofreciendo su mercadería o sus servicios a los habitantes de Valmadrigal. Los trilleros procedían del pueblo segoviano de Cantalejo. No sólo vendían trillos transportados en carros y fabricados por ellos mismos, también los reparaban sustituyendo las piedrecillas de pedernal gastadas o rotas por otras nuevas bien pulimentadas. Los retratistas eran, en realidad, los fotógrafos que apoyaban la cámara sobre un trípode. Procedentes de Jiménez de Jamuz, los cacharreros vendían cazuelas, "pocillos" (tacitas de cerámica), cántaros, menaje de cocina en general. Las colcheras, que venían de Galicia, traían en un hatillo apoyado sobre la cabeza colchas, sábanas y puntillas. También había vendedores de bisutería que transportaban su mercancía en unos maletines. Allá por los años treinta del siglo XX, una ciega vecina de Mansilla de las Mulas que, además de cantar romances populares los vendía en cuadernillos, iba y venía por los pueblos valmadrigalenses. Por cierto, la anciana Nicéfora Rodríguez Jaular, de casi noventa años y vecina de Castrotierra, recordaba dos romances populares cantados por esta coplera invidente: "Mandaba el rey pregonar" y "La mujer del conde Flórez". Los vecinos se acuerdan de un pescadero cojo que venía en carro desde el Burgo Ranero. Con respecto a los pellejeros, sabemos que compraban pieles de conejo, cordero y oveja y que muchos de ellos procedían de Villalón (Valladolid). Los afiladores venían de Orense. "Restituto", un vendedor errante de comestibles que iba de pueblo en pueblo, era natural de Valverde Enrique, aunque vivía en Vallecillo. A este vendedor con frecuencia le pagaban no con monedas o billetes, muy escasos en las primeras décadas del siglo XX, sino con huevos de gallina. Los estañadores, que también recibían el nombre de componedores, reparaban los cacharros de cocina con lañas (grapas de metal) y aplicando una masilla sobre las fisuras o rajas.

Auténticos personajes: De acuerdo con los relatos de quienes le conocieron personalmente, el estañador Anacleto, alias "Maribego", era un excéntrico personaje (digno de ser el protagonista de una novela) que recorría estas tierras en la primera mitad del siglo XX. Se dedicaba a reparar cacharros de cocina con desperfectos mediante lañas y aplicando una masilla, según él, resultado de mezclar "seso de hormiga y saliva de cigüeña". "Maribego era completamente nómada, carecía de residencia fija y dormía a temporadas en la ermita de San Miguel de Montañán. En cierta ocasión y para ganar una macabra apuesta se presentó en una taberna con una calavera robada de un cementerio. Nos han hablado también de un pastor, vecino de uno de los pueblos de Valmadrigal, que decía poseer una fórmula única y original para fabricar el vino perfecto. No obstante y para desesperación de los amantes del vino, el "brillante enólogo" había jurado no transmitirle a nadie su secreto celosamente guardado hasta el final de sus días. Paco el Ciego, vecino de Castrotierra, era asimismo un hombre extraordinario pero por otros motivos. A pesar de su ceguera, Paco era capaz de decir el nombre de la persona que tenía delante antes de que esta empezara a hablar. También podía averiguar la edad de una vaca pasando la mano por el lomo y los cuernos. En una ocasión quisieron venderle una vaca "de cinco años". Paco el Ciego, que no se fiaba, deslizó lentamente la mano por el lomo y los cuernos del animal y dijo: "No tiene cinco años sino siete".

Las misiones: Con intervalos de tres o cuatro años llegaban a los pueblos de Valmadrigal como a otras muchas localidades rurales grupos de misioneros católicos. Eran las llamadas "misiones". Los padres misioneros permanecían en la aldea unos nueve días y durante ese tiempo se intensificaban notablemente las actividades de tipo religioso: procesiones, misas, comuniones, etc. El último de aquellos misioneros que realizó labor apostólica en la zona a mediados del siglo XX se llamaba Don Antonino y pertenecía a la Orden de los Capuchinos de León. Al menos en Vallecillo, Castrotierra y Valverde Enrique se conservan dentro de la iglesia cruces de madera conmemorativas del paso de los misioneros por la localidad.

El comercio con los "hombres de la montaña": Hasta hace pocas décadas, los pueblos de la llanura leonesa incluidos los de Valmadrigal mantuvieron relaciones comerciales con diferentes localidades de la montaña (Riaño, Prioro, Oseja de Sajamnbre, Cármenes, Matallana de Torío...) Organizados en caravanas, los comerciantes montañeses llagaban a los pueblos apellidados de Valmadrigal desde mediados de agosto y durante todo el mes de septiembre con sus "carros chillones" repletos de escaleras de mano, palas de madera, marcos de ventana, yugos, puertas de bodega, hayucos (frutos de haya), madreñas, tablas para hacer toneles, sabrosa cecina de cabrito, nueces, avellanas y castañas. También traían rebaños de chivinas destinadas a la venta. Estos humildes comerciantes estaban interesados en conseguir trigo y especialmente uvas y vino de la tierra. Los valmadrigalenses les proporcionaban estos productos mediante el sistema de trueque.

Leyendas: En Castrotierra existe la leyenda de la gallina con doce pollos de oro, de raigambre latina, cuyo nido los lugareños sitúan en una ladera ubicada en frente de "el castillo" (César Morán "Por tierras de León" 1925). Según tradición local, al lado del castillo había un castillín, que bien pudo ser la "casa fuerte" construida por Juan de Acuña en Castrotierra en el último tercio del siglo XV. La tradición oral explica el misterio sin resolver de las galerías internas del castro de Castrotierra, diciendo que todos esos pasadizos, sin duda alguna hechos por la mano del hombre, comunicaban subterráneamente el castillo de Castrotierra con otras poblaciones del señorío durante la Edad Media. A los torbellinos de aire o torvas que se forman en las eras se los considera brujas. Cuando se levanta una torva en la planicie de la era se exclama, medio en serio, medio en broma: "¡Mira, una bruja!". Dicen los ancianos del lugar que un año el "renubero", un brujo furioso que provoca las tormentas, cayó en Matallana, llevaba una horca (bieldo) en la mano y finalmente fue absorbido por un brazo de nube. Otro año "un hombre bajó de las nubes" (es decir el "renubero") y se estrelló contra el frontón de Castrotierra. También forma parte de la imaginación popular la historia de San Cristóbal, patrón de Matallana de Valmadrigal: la imagen de San Cristóbal de Matallana apareció en unas tierras y fue necesario un buey para moverla. El animal hizo tanto esfuerzo que allí reventó y la prueba es que junto a la ermita se puede ver su estómago convertido en piedra (David Gustavo López "León, fiestas y romerías"). Algo similar ocurrió en Vallecillo con la Virgen del Olmo. Se produjo en esta localidad el hallazgo de una imagen, la Virgen del Olmo, pero la Virgen quería permanecer en un lugar concreto, a pesar de los intentos por trasladarla. Se cuenta, además, -continuamos con las leyendas de carácter religioso- que por estas tierras existió una legendaria virgen, llamada de Madrigal o de los Valmadrigales, cuya estatua cada año era custodiada por uno de los pueblos de Valmadrigal. La transmisión de un pueblo a otro se realizaba durante una procesión en la ermita de San Marcos ya desaparecida y situada a las afueras de Castrotierra.

Toponimia. La abundancia de topónimos en la zona hace muy difícil la tarea de confeccionar una lista completa de los mismos. Sólo recogemos algunos de los topónimos existentes en el área de Valmadrigal, nombres de lugar que llaman la atención por su rotunda sonoridad y, en ocasiones, por su belleza: Carremudarra, Trasdeáguila, Carremayorga, La Corderina, La colmena, El Paramillo, Valdelaviera, Valdesampedro, El Vallejo Lobo, Monte Castro, Carrebueyes, Carrevalmoro, La punta de los trigos, Carrevillada, Estilla, La Melguera, Los Olmetos, Fuentelateja, El Cueto Juanillo, El Espino, Ongidro, Barón, La Barrera, Las Solanas, Carrevaldeabejas, El pico de San Marcos, Valdeadobes, Los Hoyos, Carrelhorno, La Cuestona, Valdecandina, Valdecomuña, La fuente de los cazadores, Los Barriales, la cuesta de las encinas, Carresahagún, Entrevalles, Valdelasmajadas, Carrevallecillo, Valdelamuerta, Valdelascabañas...

Supersticiones. Si un grajo se posaba sobre una vivienda, en el pueblo pensaban que alguien de esa casa moriría pronto. Se trata de una superstición de tradición latina. No siempre es un grajo el pájaro de mal agüero; en Grajal de Campos, pueblo ubicado en las cercanías de Sahagún, por ejemplo, es la garza (Vicente M. Encinas, "Las leyendas de Turrutalba").

Las piedras de rayo. Cuando un campesino o un pastor encontraba en el campo una piedra de rayo la llevaba a su casa y la conservaba. Muchas veces estas piedras en realidad eran restos arqueológicos (hachas, puntas de flechas y otras piedras pulimentadas). Las piedras de rayo se consideraban amuletos protectores con poder para alejar los rayos y curar las vacas enfermas. Esta creencia estaba muy extendida por el norte de España.

Los hilorios. Al igual que en otros muchos pueblos, en los de Valmadrigal se celebraban con asiduidad reuniones de vecinos conocidas con el nombre de hilorios. Después de cenar, especialmente en las frías noches del invierno y a la luz del candil, se reunían en la cocina, al calor del fuego de la chimenea grupos de vecinos y vecinas para entretenerse jugando a las cartas, charlando amistosamente, relatando anécdotas, contando cuentos, jugando a las adivinanzas, hilando con rueca y huso, cosiendo, tejiendo bufandas o bailando al son de un laúd, un acordeón o una guitarra. En otras partes de León, estas reuniones se llaman "hilas" o "filandones". En Matallana (Maria Luisa Boró, "Tradiciones populares. Ayto. de Sª Cristina") la reunión solía ser en un horno de pan propiedad de la señora Laureana, lugar muy apropiado por su amplitud y porque conservaba el calor.

Las cabañuelas. Algún anciano de la zona todavía se acuerda de las cabañuelas, un método de predicción del tiempo atmosférico usado por los campesinos y todavía vigente en ciertos lugares de España. Este método, que tiene sus antecedentes remotos en el ceremonial del Akitu, año nuevo babilónico, consistía a grandes rasgos en tomar como referencia la primera quincena de agosto, relacionando cada día con un mes del año, de tal manera que la llave del año era el 1 de agosto y, a continuación, el tiempo que hiciera el 2 de agosto se correspondía con el clima de enero del año siguiente, el del 3 de agosto con febrero, etc. Para ajustar este pronóstico del clima se tenían en cuenta diversos factores: la procedencia del viento y otras observaciones, así como el microclima.

Dar la caridad en los entierros. Costumbre que se ha mantenido hasta hace poco tiempo. Consistía en repartir pan entre los asistentes al sepelio o en dar una comida en casa del difunto a los familiares después del entierro. Algunos estudiosos consideran que esta costumbre es una reminiscencia del "banquete funerario" practicado en tiempos remotos por los celtas (Francisco Rúa Aller, "La piedra celeste", 2001).

Fórmulas para ahuyentar a las brujas. Tomás Lozano, un hombre nacido en Castrotierra que describió por escrito las costumbres de su pueblo natal escribe que para ahuyentar a la brujas que chupaban la sangre al ganado algunos campesinos colocaban en la cuadra un escriño boca abajo y, sobre él, una vela encendida, tras lo cual se leían oraciones y reglas de santos.

Los gamones. Los tallos de unas plantas silvestres llamadas gamones se utilizaban como luminarias en el interior de las casas. Estas plantas muy abundantes se recogían por el campo, después se les quitaba las hojas y finalmente se dejaban secar por un tiempo. La luz que proporcionaban esta especie de antorchas duraba unos minutos.

La hoguera de la noche de San Martino. En plena noche de San Martino (11 de noviembre) los mozos de Castrotierra se reunían en la zona más elevada del pueblo conocida bajo el sobrenombre de "el castillo", precisamente en el montículo sobre el que se erigía el castillo del señorío de Valmadrigal mucho tiempo atrás, y, en ese punto, después de amontonar tablas, troncos, cardos, ramas y sarmientos transportados en carro desde el valle, organizaban una fogata con el fin de que las llamas del fuego sirvieran de faro al numeroso grupo de personas que regresaban al pueblo tras de haber visitado la feria ganadera de Mansilla de las Mulas.

Una rama de chopo en la ventana. Al llegar la primavera, grupos de mozos se acercaban de madrugada hasta las casas de las chicas del pueblo para depositar un ramo de chopo arrancado de los árboles del valle en los balaustres del balcón o en la ventana. Cuanto más grande era la rama, más afecto sentía el mozo por la joven de su predilección. El ramo a veces motivaba riñas si varios rondadores pretendían a la misma mocilla. Esta antigua costumbre aún viva en Matallana y Vallecillo está enraizada en ritos ancestrales de fecundidad tal como afirma el investigador Frazer: "La costumbre corriente en Europa de poner una rama verde el día primero de mayo ante o sobre la casa de la doncella amada, se originó probablemente de la creencia en el poder fertilizante del espíritu del árbol".

Las bodas. Después de tres velaciones o anuncios de enlace nupcial se celebraba la boda. Esta celebración duraba varios días, durante los cuales había banquete, baile, bromas, etc. Una costumbre curiosa, aunque común a muchos pueblos, es que los recién casados seguían viviendo en casa de sus respectivos padres durante aproximadamente un año (Tomás Lozano, "Recuerdos de antiguas costumbres. Castrotierra de Valmadrigal", escrito mecanografiado).

Los derechos. Si un joven anunciaba su compromiso con una chica de otro pueblo, era obligado a pagar los llamados "derechos" (una cantidad de dinero o una merienda) a los mozos del pueblo de la novia, a modo de desagravio.

Los danzantes de Matallana y Santa Cristina de Valmadrigal. En las dos localidades hubo grupos de danzantes tradicionales. Se han conservado fotografías antiguas de jóvenes ataviados con los trajes de baile. Los danzantes de Matallana de Valmadrigal, según las descripciones hechas por la escritora Marta Prieto Sarro ("El siglo de León", Diario de León), eran ocho varones que vestían faldas adornadas con cintas y pañuelos estampados. Los danzantes estaban dirigidos por un guirria, una especie de payaso, que hacía reír a la gente al tiempo que pedía la propina. El guirria, que en vez de sombrero llevaba un pellejo de liebre, destacaba por su habilidad para cantar los llamados "lazos", cancioncillas de diverso contenido. Conocemos el nombre de uno de los últimos danzantes de Matallana: Ausencio Rodríguez. La tradición de los danzantes ha desaparecido en estos pueblos por falta de jóvenes que la continúen.

Los cazadores de lobos. Cuando nevaba mucho en la montaña, los lobos bajaban hasta la zona llana donde se asientan los pueblos de Valmadrigal. Pronto de detectaban las primeras señales de estos temidos depredadores: huellas, aullidos, etc. Los lobos suponían una amenaza para los rebaños de ovejas. En vista del peligro que se cernía sobre los rebaños de ganado ovino, los ganaderos y los ayuntamientos de la región ofrecían recompensas a los cazadores por cada lobo abatido a tiros. Los lugareños todavía recuerdan a un diestro cazador de Calzada del Coto que se paseaba por los pueblos del contorno exhibiendo en su carro los cadáveres de los lobos que había matado, algunos de gran tamaño.

Vocabulario, expresiones, palabras usadas en estos pueblos: neales (los nidos de las gallinas), emprente (la pared de al lado), bufina (que viene una bufina, un viento frío, murnia (tristeza), espurrierse (estirarse, crecer), bardina (vaca de color ceniza), la jis (polvos blancos que mezclados con agua servían para pintar las paredes interiores de la vivienda), mosquilón (tortazo), morugo (una persona retraída, huraña), junquillo (aro colocado en el hocico de los cerdos con el fin de impedir que estos comieran), baldrogas (hombre perezoso, un badanas), dijon (en vez de dijeron), darle a la parpañuela (charlar informalmente, parlotear), pedigallo (el tacatá de madera), este niño es un adobe (es torpe), saltipajo (saltamontes), pajera (camastro situadio en el interior de las cuadras donde dormía el cuidador del ganado), cespedera (tapinera), la cuelga (el ramo de rosquillas que se coloca alrededor del cuello del santo), a rigüeñas (a jineta, como montaban las mujeres a caballo), telarero (persona desordenada), el picú (el altavoz de los bailes), emburrión (empujón), acorajarse (acobardarse), es obstinado como un yunque, latigante (granuja), repacheta (achaparrada), a la abrigada (al resguardo de la lluvia, el sol y el viento), serré (calesa), mostolilla (comadreja)...

Los refranes de San Antón. El día de San Antón, de uno en uno, los jóvenes montados en burros y caballos engalanados echaban o decían el "refrán" ante la puerta de la iglesia. Los mozos relataban percances y anécdotas ocurridas durante el año. Después de recitar la letanía al santo benefactor de los animales, los mozos dirigían los pasos de su cabalgadura hacia otras poblaciones cercanas. Los refranes inventados por una señora del pueblo empezaban así: "Oh glorioso San Antón/ Santo mío y abogado/ lo que te vengo a suplicar/ lo traigo bien estudiado". Esta fiesta tenía en todo momento un tono desenfadado y muy alegre.

La construcción de la casas de barro. La arquitectura del barro tiene en la zona numerosos exponentes: pajares, viviendas, palomares, bodegas, corrales... La forma de construir este tipo de edificios, característicos del ámbito popular, se puede resumir de este modo. Primero, un grupo de colaboradores dirigidos por un maestro albañil hacía los "lizares" (cimientos). Después, introducían tierra, piedrecillas, paja y agua dentro de un cajón desmontable compuesto por tablones, una especie de molde para hacer las paredes. Acto seguido, la masa de barro era aplastada y golpeada mediante unos mazos de madera con el mango bastante largo llamados pisones. El cajón se montaba y se desmotaba en cada tramo de pared. Cuando se secaba un segmento de pared, se volvía a montar el cajón con sus tablones sobre el tramo de pared ya secado. A pesar de lo que uno pudiera pensar en un primer momento, la resistencia de este tipo de edificaciones es proverbial. En cuanto a su mantenimiento, sólo es necesario dar un "capacho" muy de vez en cuando, es decir, una mano de barro sobre la superficie de la fachada cuando esta acuse desgaste. Los vecinos todavía recuerdan el nombre de uno de los maestros albañiles que dirigió las obras de varias viviendas de barro en la zona; se llamaba "Justo" y vivía en Villeza.

Nombres, apellidos, apodos. Entre los nombres propios de persona que han existido o existen en la zona encontramos los siguientes: Nazaria, Eutiquio, Edilberta, Hermógenes, Neófita, Floripe, Cloroaldo, Prisciliana, Gaudencio, Alipio, Timotea, Petra, Nicomedes, Pantaleón, Peregrina, Roque, Mauricio, Adolfa, Hipólito, Hilaria, Alfonsa, Froilán, Fausta, Prosidio, Robustiana, Petronila, Saturnino, Severa, Eladio, Potamio, Próculo, Eufemia, Antibio, Toribia, Argimiro, Hermenegilda, Celedonio, Judid, Abdón. Nombres compuestos: Francisca Eutiquia, Teresa Catalina, Lorenzo Andrés, Martín Manuel, Juan Timoteo, Sixto Antolín, Froilana Clara, Gregoria Nativiadad. Apellidos: Morala, Mencía, Cadenas, Lorenzana, Iglesias, Tejerina, Rezuelo, Centeno, Gallegos, Herrero, Chico, Paniagua, Vallejo, Cascallana, Pablos. Diminutivos: Danielín, Paquillo, Senín, Carmina. Apodos: El Chicán, Mito, la Sastra, el Alemán, el Portu (un arreador que traía ganado a estos pueblos) , el Romo, el Mudo, Peruco (pregonero en Castrotierra)...

La roturación del monte. Si tenemos en cuenta las referencias orales, en la zona se llevaron a cabo al menos dos roturaciones durante la primera mitad del siglo XX en los extensos terrenos de monte que rodeaban los pueblos de Valmadrigal. La primera de aquellas roturaciones tuvo lugar en 1925 y la segunda en 1940. Se arrancó, utilizando la fuerza de parejas de bueyes, gran número de encinas y robles. El terreno ganado al monte enseguida se convirtió en campo de labranza.

Canciones, coplas de ciego, himnos religiosos... El acervo cultural formado por el conjunto de las canciones, refranes de San Antón, coplas de ciego, pastoradas navideñas, chascarrillos, trabalenguas, romances populares, adivinanzas, himnos religiosos, etc. es casi inabarcable. Entre las canciones de ronda de la tierra destacan "Ah si fuera mi novia" y "Noche clara y serena" (recogidas en 2003), en Matallana cantan un magnífico himno a San Isidro, ya se ha mencionado el romance popular "Mandaba el rey pregonar", la copla de ciego "En un pueblo de Galicia" describe un crimen horrendo, otro romance recordado por los ancianos del lugar es "El caballero Don Juan", el credo de Castrovega ha adquirido fama por su originalidad, los largos cánticos (124 versos) de la procesión del encuentro en Castrotierra llevados a cabo por dos coros de cantoras mediante respuestas y contrarrespuestas son de indudable belleza, se han conservado rogativas como la que dice "San Pedro nuestro patrón/ tú que todo lo puedes hacer/ estar el cielo estrellado/ y comenzar a llover", conjuros contra la nube y muchas canciones y fragmentos de cantares de inconfundible sabor popular tales como "Está una madre criando un hijo". Mención especial, por su belleza y popularidad, merece la cantada de la cordera, celebración protagonizada por pastores, que se llevaba a cabo, tras largos ensayos, dentro de la iglesia en Navidad. Los textos de la corderada suelen variar ligeramente de un pueblo a otro y su interés etnográfico es enorme. Se han conservado en su integridad los versos de la cordera de Valverde Enrique y la de Santa Cristina También existe una grabación, con música incluida, de la cordera de Castrotierra. Recientemente se ha hecho una recopilación escrita de este legado tradicional de la zona, que se suma a lo que ya se conserva en la Fundación Joaquín Díaz de Urueña (Valladolid).

La romería de San Miguel. El día 8 de septiembre muchos vecinos de la tierra de Valmadrigal realizaban una piadosa peregrinación hasta la ermita de San Miguel, situada a las afueras de San Miguel de Montañán, localidad cercana a Joarilla de las Matas. Los fieles se desplazaban hasta el enclave religioso montados en carros, a lomos de un burro, a caballo o andando. Aprovechando la afluencia de numerosas gentes se montaban tenderetes y puestos donde se vendía al público uvas, sandía, café, quesos, etc. Tras una misa de campaña oficiada por varios sacerdotes utilizando un altar que se instalaba junto a una pared de la ermita, se celebraban concursos de danzas. Conocida entre los devotos romeros como "la peregrinación" o "la peregrinación de San Miguel", esta romería era una de las más importantes de la Tierra de Campos leonesa por el interés que despertaba y por el enorme número de feligreses que participaban en ella. .

El palo de los pobres. Era una cruz de madera que los vecinos colocaban por turno rotativo en la puerta de su casa. Esta cruz servía de señal para los pobres. El pordiosero que llegaba al pueblo sabía perfectamente que debía dirigirse a la casa que tuviera la cruz, porque allí le atenderían. Existía la obligación de dar de comer y dormir a los mendigos. En palabras de un vecino de un pueblo de Valmadrigal: "se les hacía una cazuelica de sopas y se les llevaba a dormir al pajar".

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